
Pepe Tupamaro
Abrió la boca, el “Pepe”, y habló demasiado. Siempre habla demasiado el “Pepe” cuando abre la boca. No es tanto en cantidad, como en cuanto a su honestidad brutal. El “Pepe” esta acostumbrado a cantar sus verdades, sean cuales sean. Y a los argentinos nos cuesta escuchar algunas verdades. El “Pepe” no dijo que somos “tarados”, como algunos medios se lo adjudicaron. El “Pepe” dijo todo lo contrario. Aunque si, es verdad, nos trató de “paranoicos”. Y no está tan confundido el “Pepe”, algo paranoicos somos. Pero suena mal cuando lo dice otro.
Percy, el fastidioso
“Un bozal para Percy”. Buen nombre para la campaña que impulsan los colegas del altiplano contra su alcalde. Percy Fernández gobierna Santa Cruz de la Sierra a grito pelado. Se enoja con sus opositores: “¡cara de dengue!”, les grita. Se enfurece con los periodistas: “que se mueran todos y si es de muerte natural, tanto mejor, así después no acusan que fuimos nosotros”. Percy el fastidioso no tiene paciencia. Pero tampoco escrúpulos. Echa a los medios de sus conferencias cuando le preguntan algo que le molesta, y administra su coto peleándose con todos. Hasta con los médicos: “hay que mandarlos a la mierda”. Mejor para Percy que no se pesque ni siquiera un resfriado…
Percy no se calla la boca, y sigue cosechando odios. Callen a Percy, ponganle el bozal, antes que su rabia empiece a contagiar.

Alvarito, el avaro
De a poquito, votito a votito, Alvarito va juntando en su chanchito electoral las voluntades para hacerse con su tan ansiada reelección. Como niño encaprichado, no quiere ceder su turno para que llegue el próximo. La Casa de Nariño es un lindo lugar para vivir. Sobre todo, cuando Estados Unidos mira hacia otro lado mientras se avasalla la Constitución.
Es extraño… se escuchan pocas voces criticando a Alvarito… aunque camina sobre huellas que otros dejaron, con menos suerte ellos a quienes las críticas los sofocaron. Alvarito ya no siente esa encrucijada del alma que una vez confesó. Esta seguro de lo que quiere. Y presiona, lo busca con ansias, demasiadas, para alguien que dice respetar la democracia.