
En cinco breves pasos:
1. ACUÉSTENSE INMEDIATAMENTE
No anden caminando, gimiendo bajito con los ojos llenos de lágrimas. Cúbranse las partes privadas con las manos, formando una suerte de coraza que los prevenga de heridas posteriores (y situaciones incluso más humillantes, claro). Algo que, vamos, tendrían que haber hecho antes, para evitar el pelotazo en un primer momento.
2. APLIQUEN FRÍO SOBRE EL ÁREA PARA REDUCIR A HINCHAZÓN
Una hinchazón en el área sería algo muy positivo en cualquier otro momento, menos en este. Agarren una bolsa de hielo, o una tela mojada con agua fría o una lata de birra, por ejemplo. El frío debería bajar la hinchazón y el dolor.
3. NO APLIQUEN DEMASIADA PRESIÓN
Es simple, y se cae de maduro, pero por las dudas, repitan conmigo: más presión puede causar más dolor.
4. SI EL DOLOR ES SIGNIFICATIVO Y NO BAJA DESPUÉS DE UNOS POCOS MINUTOS, INSPECCIONEN LA HERIDA
O consideren el suicidio. Bueno, bájense los pantalones y revisen el área afectada. Van a llorar. Repito: van a llorar.
5. SI EL DOLOR DURA MÁS DE UNA HORA, O EN LA INSPECCIÓN OCULAR APARECE REALMENTE LASTIMADO, BUSQUEN ATENCIÓN MÉDICA.
Y traten de encontrar un médico que no se tiente de risa.

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Percy, el fastidioso
“Un bozal para Percy”. Buen nombre para la campaña que impulsan los colegas del altiplano contra su alcalde. Percy Fernández gobierna Santa Cruz de la Sierra a grito pelado. Se enoja con sus opositores: “¡cara de dengue!”, les grita. Se enfurece con los periodistas: “que se mueran todos y si es de muerte natural, tanto mejor, así después no acusan que fuimos nosotros”. Percy el fastidioso no tiene paciencia. Pero tampoco escrúpulos. Echa a los medios de sus conferencias cuando le preguntan algo que le molesta, y administra su coto peleándose con todos. Hasta con los médicos: “hay que mandarlos a la mierda”. Mejor para Percy que no se pesque ni siquiera un resfriado…
Percy no se calla la boca, y sigue cosechando odios. Callen a Percy, ponganle el bozal, antes que su rabia empiece a contagiar.

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“¿En qué andas hoy, negrito?”. La frase forma parte del kit del buen mando medio: ese que tiene el cartelito símil bronce que se pega en la puerta del box, la camisa con iniciales y un enorme orgullo de pertenecer. En días en que las estatizaciones encabezan el top five de la política, vale la pena la pregunta: ¿Se viene una generación estatal de mandos medios? ¿Tiene la política cuadros para conducir empresas y espacios que antes estaban en la órbita privada? No se sorprenda, Mr gerente: la política está llena de mandos medios. De diputados que gestionan oficialismo profesional, y senadores que gerencian oposición a lo que sea, que trabajan con los más altos estándares para que nada cambie, que no miran más allá de su escritorio y que piensan más en la supervivencia personal que en las transformaciones estructurales. ¿Lo que viene es entonces mejor? Igual o parecido no sirven de consuelo. Todo suyo, Mr Cohen…
Por Lucas Colonna

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